miércoles, 14 de junio de 2017

Los vikingos fueron unos piratas


Uno de los capítulos del libro Mis mentiras Favoritas trata sobre la mitología que envuelve al pueblo de los vikingos. Se trata de un capítulo algo frustrante pues resulta prácticamente imposible, hoy día, rebatir ciertos aspectos anclados con fuerza en la memoria colectiva de la sociedad.

Por ejemplo, el casco con cuernos es un claro ejemplo de ello. Todo el mundo tiene la imagen mental de ello. Ya sea por ver a Vicky, el vikingo de niños o por las numerosas imágenes escasamente históricas que nos rodean, todos los vikingos nos los imaginamos con un casco con cuernos.

Y cuando yo digo que eso no es verdad, que el único casco genuinamente vikingo (el yelmo de Gjermundbu) no tenía cuernos, me tratan como a un loco. Otros me dicen que ya habían oído algo de eso pero que se trata de una moda, como la de acostar a los bebes bocarriba o bocabajo. Que hoy se dice una cosa y mañana la contraria.

¡Por supuesto! Si mañana encontramos cascos vikingos con cuernos diremos que los llevaban pero, a día de hoy, la arqueología ¡no encontró ninguno!

Bueno, para todos aquellos que deseen tener una imagen más histórica del pueblo vikingo les remito al capítulo del libro y al siguiente artículo, que sirve de complemento y ampliación del mismo.


¿Qué entendemos por vikingo?

Hoy día el término vikingo designa a todas aquellas personas provenientes de Escandinavia que asolaron Europa en la Edad Media. Pero esta consideración ni es la que tenían nuestros antepasados ni representa una visión real de ellos.
Antiguamente, vikingo era un término utilizado, exclusivamente, para definir a los ladrones o a los piratas del mar. Es decir, no todos los pueblos escandinavos eran llamados vikingos. Y muchos de ellos no lo sería a tiempo completo, pues la piratería era una de sus variadas ocupaciones. Por otro lado, en la Edad Media Escandinavia estaba poblada por un variado conjunto de pueblos que nunca llegaron a formar una entidad política cohesionada.

¿Cuál fue la “Edad de los vikingos”?

Se suele referir el ataque al monasterio de Lindisfarne (793) como el inicio de los ataques vikingos a Europa, por ser el primer ataque de pillaje serio en Occidente. Pero la arqueología ha demostrado la presencia vikinga en fechas más anteriores. En Shetland, las Órcadas y las Hébridas tenemos asentamientos vikingos unos cuantos años antes y resulta lógico que fuera desde aquí donde surgió el ataque al monasterio y no realizando un impredecible viaje oceánico desde Escandinavia (como suelen presentárnoslo de forma habitual).

Y según Haywood los ataques de los piratas sajones durante los siglos III y V también pueden englobarse en la denominación de ataques vikingos, pues seguían pautas similares.

El final es algo más difícil de situar, aunque también existe la fecha “monstruo” de 1066 (coincidente con la famosa Batalla de Hastings). No obstante, sabemos que los ataques vikingos se siguieron produciendo tras esa fecha durante dos centurias más. 

¿Eran los vikingos unos piratas?

Resulta complicado disociar de la memoria colectiva el término pirata y vikingo, pero la realidad fue que no todos los escandinavos eran piratas. Existieron muchos grupos escandinavos que no se dedicaron a “hacer el vikingo”, sino que vivían como campesinos o artesanos.

De hecho, para los vikingos medievales no existía diferencia entre el comercio y la piratería. El saqueo y el pillaje era una forma rápida de conseguir mercancías que luego podían vender. Pero también con la presión diplomática y el pago del danegeld se lograba el objetivo de aumentar el patrimonio personal.

¿Los vikingos siempre atacaban a otros pueblos?

Aunque pueda parecernos sorprendente, lo cierto fue que los vikingos guerrearon frecuentemente entre ellos. El territorio escandinavo no formaba una entidad política única y los distintos señores solían guerrear para incrementar su poder o para vengar afrentas anteriores familiares.

En su gran mayoría, los vikingos lucharon contra otros vikingos y en estas luchas perecieron multitud de reyezuelos. Por ejemplo, Noruega sufrió frecuentes ataques entre el 793 y el 1066, siendo casi en su totalidad ataques vikingos.

¿Son los vikingos un pueblo bien conocido?

De ninguna manera. En realidad sabemos muy poco de ellos. A la escasez de fuentes arqueológicas se une la problemática de las fuentes. En efecto, del pueblo vikingo tenemos dos fuentes escritas muy valiosas pero tremendamente desvirtuadoras. Por un lado están los documentos contemporáneos escritos por sus enemigos, los cuales magnificaron la virulencia de sus ataques como forma de entender un castigo providencialista. Por otro lado están las Sagas Islandesas, escritas varios siglos después y llenas de fantasías.

¿Fueron exitosas las campañas vikingas?

Muchas personas piensan que los ataques por sorpresa vikingos siempre tenían un resultado positivo para estos. Pero estudiando estadísticamente los testimonios conservados nos percatamos de algo muy evidente: sólo ante presas fáciles el éxito de tal táctica está asegurado.

Cuando los vikingos se enfrentaron a grandes imperios bien organizados, el fracaso era la consecuencia común. Les ocurrió en Sevilla (844) y en Bizancio (860, 941, 1043), por poner dos ejemplos.

Sólo cuando se enfrentaban a reinos divididos y débiles lograron resultados positivos y, aún así, el balance no fue positivo. Por ejemplo, entre el 793 y el 911, durante su primera expansión (momento en el que juegan con el factor sorpresa) el balance fue negativo incluso en Inglaterra.

¿Cuáles fueron las causas expansivas de los vikingos?

Mucho se ha conjeturado sobre cuáles fueron las verdaderas razones que llevaron a los vikingos a iniciar su expansión hacia Rusia y occidente. Y aunque existen muchas teorías, ninguna resulta convincente.

Entre los factores que animaron a una expansión debieron tener una gran importancia, en mi opinión, los económicos. En este sentido destacaría el incremento de poder de los reyes, el interés por prosperar de los hijos segundones o señores menores, así como una posible presión de la población sobre la tierra cultivable.

¿Fueron buenos navegantes?

Por un lado podemos decir que sí. Llegaron a lugares tan lejanos como Pisa o Groenlandia con unos barcos verdaderamente limitados. Supieron orientarse en sus viajes en base a la Estrella polar y a la observación del azimut del sol a mediodía. Y fueron famosos por su pericia a la hora de detectar signos de presencia de tierra firme (formaciones de nubes, patrón vuelo pájaros…).

Pero, si nos atenemos a las estadísticas, nuestro concepto cambia un poco. Las Sagas nos remiten numerosos casos de naufragios, la mayoría debido a malas condiciones climáticas. Y ello nos pone sobre aviso de una cruda realidad: la dependencia total del clima a la hora de tener una travesía exitosa.

Y no eran las tormentas lo único que podía hacer sucumbir una expedición. El ataque de otros vikingos enemigos, el aniquilamiento por los nativos si se desconocía el lugar de desembarco.

Debemos tener en cuenta que los grandes descubrimientos vikingos fueron obra de la fortuna en su gran mayoría.

¿Los barcos navegaban grandes distancias?

Tenemos la idea asumida de unos vikingos navegando largas travesías y atacando lugares alejados de sus casas. Pero esta imagen mental es falsa. Los vikingos practicaron, en su gran mayoría, una navegación costera a pequeños saltos, pues para ellos era esencial identificar visualmente la costa para guiarse. Por ejemplo, el viaje a Inglaterra no se realizaba, por lo común, de una tacada, sino que primero se alcanzaban las islas Shetlands, luego las Orcadas y el resto se hacían pegados al litoral. Igualmente, para llegar a Islandia se realizaban tramos pequeños con paradas en las Shetlands y las Feroes.

¿Existió un tipo de barco vikingo estándar?

Aunque solemos identificar a los vikingos con el barco llamado Drakkar, lo cierto es que tenían diferentes tipos de barcos, cada uno específico para una tarea determinada.

Reconstrucción moderna de un Drakkar vikingo


Por un lado tenían los barcos de guerra, entre los cuales eran apreciados los de grandes dimensiones, tanto por su gran número de tripulantes/guerreros como por la altura de sus bordas, auténticos escollos difíciles de salvar en caso de abordaje. No obstante, este tipo de navíos no eran apropiados para la navegación oceánica.

Para navegar grandes distancias en mar abierto el Drakar era el navío más apropiado. Largo, estrecho y de escaso calado, capaz de navegar tanto por mar abierto como por cursos fluviales. Además eran fáciles de varar en las playas, lo que permitía a los vikingos realizar sus asaltos por sorpresa. Aunque es característica su gran vela rectangular, lo cierto es que este navío era impulsado principalmente por los remeros.

Los navíos destinados al comercio eran totalmente diferentes. Destinados a navegar con velas, eran capaces de transportar grandes cargas con una tripulación muy escasa. Por el contrario, eran difíciles de varar y manejar con remos.

¿Siempre guerrearon igual los vikingos?

Los vikingos supieron adaptarse a las circunstancias que se fueron encontrando en su expansión. Manifiesta es la diferencia entre Oriente y Occidente. Mientras que en Inglaterra y Francia abundaron los ataque por sorpresa dada la debilidad de aquellos reinos, en la zona del Mar Caspio, el poder del imperio bizantino hizo que esta táctica fuese inútil. E incluso en la zona de la actual Rusia, los vikingos tuvieron que infiltrarse como comerciantes y negociar políticamente con los locales para asentar su poder.

Por otro lado, los enfrentamientos más comunes entre los vikingos fueron las llamadas “Guerras Vecinales”, enemistades familiares que se prolongaban indefinidamente debido a sucesivas venganzas por actos anteriores. La táctica común era incendiar la granja de turno y esperar en las puertas de salida a las asustadas víctimas, las cuales eran masacradas.

Igualmente, era muy distinto el ataque de una sola nave (tres como máximo) en busca de algún beneficio económico que los ataque dirigidos por grandes huestes reales. Si bien los saqueos por sorpresa con escasas naves fueron habituales, las grandes conquistas se debieron a las empresas reales.

Lo cierto es que debemos olvidar la imagen de unos bárbaros que atacaban sin sentido alguno, alocadamente. Su táctica preferida era la sorpresa, atacar al enemigo donde menos se lo esperaba. Y volver a casa con el botín. Por tanto, practicaron más bien una guerra de guerrillas que grandes ataques planeados con ejércitos rivales.

¿Qué hay de cierto en el mito de los berserks?

La idea de guerreros alocados acompaña aún a los vikingos entre el gran público. Y esa falsa imagen refuerza el mito de los guerreros más sanguinarios de entre todos ellos, los denominados berserks.

Muchas leyendas rodean a este tipo de guerreros: sufrían arrebatos de licantropía, episodios de rabia epiléptica, comportamiento psicótico e irreflexivo, hasta el punto de tirarse al agua por sus ganas de combatir, lanzarse contra grandes contingentes enemigos ignorando a la muerte o morder el escudo frenéticamente.

La realidad era bien diferente. Se trataba de los guerreros pertenecientes a la escolta real. Eran una auténtica élite de guerreros profesionales, con una formación mucho mayor que el resto de los vikingos (y ya es decir). Y aunque algunos de ellos actuaron de forma totalmente apartada de lo que entendían como comportamiento “civilizado”, es plausible pensar que lo hacían para infundir temor al enemigo y mantener vivo los falsos mitos que les rodeaban.

La licantropía provenía de su costumbre de cubrirse con pieles de oso o gritar en el fragor del combate, aspectos ambos explicables por el deseo de diferenciarse e infundir temor. Por otro lado, las muescas de sus escudos son más fácilmente explicables por sus frecuentes combates que por las mordeduras de sus propietarios.

Por tanto, podemos concluir que los berserks eran unos guerreros de élite que se rodearon de una mitología mística para crear una imagen de temor a sus enemigos. Pero en ningún caso eran locos o seres mágicos. Al contrario, en las sagas tenemos bien documentadas sus muertes, pues todos los héroes tenían en su haber la muerte de uno de ellos. Muestra de que debieron ser guerreros formidables y temibles. Aunque no por su locura.

Espero que con estos datos lleguemos a desterrar, lo antes posible, la imagen que el gran público tiene de los vikingos.

FUENTES:

- Hall, Richard: El mundo de los vikingos. Ed. Akal
- Griggith, P.: Los vikingos, el terror de Europa. Ed. Ariel
- Velasco, M.: Breve historia de los vikingos. Ed, Nowtilus

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